Vida Limeña y Cultura

Barrios Altos: cuna de la canción criolla

Hay barrios que le dan nombre a una época entera. Barrios Altos es uno de ellos. De sus callejones y solares salió una parte enorme de la canción criolla, y por sus calles caminaron los compositores que la hicieron grande. Si el vals criollo tiene una cuna, está acá.

Hoy Barrios Altos es un barrio golpeado por el tiempo y el descuido, con mucha historia encima y no siempre el cuidado que merece. Pero su peso en la cultura popular limeña es imposible de exagerar. Entender este barrio es entender de dónde viene buena parte de lo que este blog celebra.

Dónde queda y qué fue

Barrios Altos está en el centro histórico de Lima, pegado al damero fundacional, la cuadrícula original con la que se trazó la ciudad. Fue, durante siglos, barrio popular por excelencia. De gente trabajadora, de inmigrantes, de familias que compartían callejones y solares.

Esos callejones, con muchas viviendas alrededor de un patio común, fueron el escenario de la vida diaria. Y en esa vida diaria la música no era un lujo de teatro, era el entretenimiento de todos. En el patio se cantaba, se tocaba guitarra, se armaban jaranas que duraban hasta el amanecer. La cultura criolla se coció ahí, a fuego lento, generación tras generación.

La casa del vals

Acá nació y vivió Felipe Pinglo Alva, el compositor que le cambió la cara al vals criollo a comienzos del siglo XX. Barriosaltino de nacimiento, Pinglo respiró esa vida de callejón y la convirtió en canciones que hablaban de la gente común, de sus penas y sus luchas.

En estos callejones se armaban las jaranas donde se estrenaban las canciones que después cantaría toda la ciudad. Piénsalo un momento: temas que hoy son clásicos absolutos de la música peruana nacieron y se probaron por primera vez en un patio compartido de este barrio, entre guitarras, cajón y palmas. La música no bajaba de un escenario. Subía desde el patio de al lado.

Alrededor de Pinglo hubo muchos otros músicos, cantores y guitarristas cuyos nombres el barrio todavía recuerda con respeto. Barrios Altos fue, en cierto sentido, el laboratorio donde se inventó buena parte del criollismo.

Tradición dulce y devota

La historia de Barrios Altos no es solo musical. La zona guarda iglesias coloniales, capillas y una fuerte tradición religiosa que se enciende sobre todo en octubre con el paso de las procesiones. También es tierra de dulces limeños.

La repostería conventual y criolla tiene raíces por acá, herencia de siglos de cocinas de convento y de manos populares. Todavía se consiguen dulces tradicionales de esos que ya casi no se ven en otros lados, hechos como se hacían antes. Buscar esos sabores es otra forma de recorrer la memoria del barrio.

Vale la pena recordar, además, que Barrios Altos fue durante mucho tiempo un barrio de mezcla. Ahí convivieron familias criollas, migrantes italianos, comunidad china alrededor de la vecina calle Capón y descendientes de africanos. Esa mezcla se sintió en la comida, en el habla y, por supuesto, en la música. Buena parte del sabor criollo salió justamente de ese cruce de mundos apretados en pocas cuadras.

Cómo visitarlo

Vale la pena ir, pero con criterio. Conviene visitarlo de día y, mejor todavía, acompañado de alguien que conozca la zona o en un recorrido guiado. No es un barrio de postal turística pulida y ordenada. Es Lima real, con su historia a cuestas, sus contrastes y sus problemas.

Recorrerlo con respeto, sin apuro y con buena guía es meterse de lleno en el origen de casi todo lo que suena en una peña. Cada esquina tiene algo que contar, aunque no siempre tenga una placa que lo diga. Barrios Altos no se visita como un monumento. Se visita como quien va a saludar a un abuelo que sabe más de lo que aparenta y que guarda, en la memoria, la historia de toda una ciudad.